Investigación narrativa: apuesta metodológica para la construcción social de conocimientos científicos.

Este artículo de revisión de tema es producto de un proceso de investigación previo a la consolidación de una tesis doctoral. Presenta la investigación narrativa como una propuesta metodológica orientada desde los fundamentos epistemológicos de la hermenéutica, con el objetivo de plantear una ruta de construcción social de conocimientos científicos que surge de las propias voces de los participantes. Primero se encuentran algunos elementos de la fundamentación epistemológica que dan cuenta de reflexiones que configuran un enfoque particular asumido frente a los procesos de construcción social de conocimientos científicos. Luego se describe de manera general la ruta metodológica que dinamiza la construcción de datos y el análisis de los mismos. Finalmente, se reflexiona acerca de los retos y los alcances de la investigación narrativa que suponen la adopción de una postura ética y política diferencial.
Así entonces, la narrativa puede definirse como “una historia que les permite a las personas dar sentido a sus vidas. Consiste en un esfuerzo del sujeto por conectar su pasado, su presente y su futuro de tal manera que se genere una historia lineal y coherente consigo misma y con el contexto” (citado por Ministerio de Educación Nacional, 2012, Narrar, implica poner lo vivido en palabras, en tanto ideas y emociones; resignificar las experiencias, llenar de sentido la propia historia al re-nombrar y re-crear una serie de acontecimientos, que más que responder a un orden cronológico y objetivo, responden a un entramado lógico y subjetivo, que da cuenta de la configuración particular y compleja frente a los hechos vividos. De otro lado, varios autores coindicen en plantear cómo el propio relato retoma los relatos que otros han hecho en un marco de significados y prácticas (White & Epston, 1993) y cómo el narrador construye su relato acudiendo a los recursos narrativos que le han proporcionado en su cultura (McLeod citado por Domínguez & Herrera, 2011). Así pues, como afirma Ricoeur (2006, p.18) “si, en efecto, la acción puede ser narrada es debido a que ésta ya está articulada en signos, reglas, normas; es decir, la acción se encuentra siempre mediatizada simbólicamente”. Además, la narrativa propia, convoca sin duda, las voces de otros y otras, lo que implica que, en últimas, no es un relato construido en solitario ni el reflejo de una voz lineal, sino un espiral polivocal, producto de la intersubjetividad.

El estudio de las narraciones se constituye como método de investigación (Connelly & Clandinin, 1995) como una forma de acceder al conocimiento (Domínguez & Herrera, 2011) entendiendo de antemano que, al ser uno de los métodos propios de las ciencias sociales, en contraposición al enfoque positivo, no tiene la pretensión de establecer reglas generales, leyes universales ni constantes transhistóricas, sino que busca: Proporcionar descripciones que colaboren en la comprensión de cómo transcurre el proceso de constitución y recreación de sentidos de las propias acciones por parte de los que las llevan a cabo en diferentes escenarios sociales histórica y geográficamente contextualizados, sobre la base de la interpretación de sus saberes, convicciones, creencias, motivaciones, valoraciones, intenciones subjetivas e interacciones con “los otros”
Fundamentos epistemológicos: reflexiones y virajes sobre la construcción social de conocimientos científicos Las características de la investigación narrativa bien coinciden con los lineamientos de la hermenéutica pensada desde su fundamentación epistemológica. Según Ángel y Herrera (2011), la hermenéutica se pregunta por la posibilidad de una aproximación a lo social que reconozca la especificidad de los fenómenos propiamente humanos, no con el propósito de explicar el objeto ni descubrir leyes universales, sino con la intencionalidad de comprender el objeto y así mismo el valor del conocimiento que proporciona. Así, se renuncia a la pretensión de generalidad y al interés explicativo, pero se gana en profundidad y se prioriza el interés comprensivo. Planteamiento que coincide con las ideas de González (2006, p.24) cuando afirma que la investigación: No se relaciona con su correspondencia lineal e inmediata con lo “real”, sino con su capacidad para generar campos de inteligibilidad que permiten nuevas zonas de acción sobre la realidad, así como nuevos caminos de tránsito dentro de ella a través de nuestras representaciones teóricas. En este sentido, en la investigación narrativa “el significado que elaboran y ponen a jugar los actores sociales en sus discursos, acciones e interacciones se convierte en el foco central de la investigación” (MECT, 2007b, p.32). Por ello este tipo de investigación se adscribe a una perspectiva interpretativa de la complejidad que recogen las narraciones que las personas hacen de sus vidas y sus relaciones. Desde esta perspectiva se entiende la realidad como un proceso de construcción social, por tanto, la aproximación a los “objetos” no se da de manera directa, sino mediada por los “sujetos” en relación. Y la mirada se pone entonces allí, en lo que los sujetos piensan (consciente o inconscientemente), sienten (ya sea que lo expresen directamente o no) y hacen (o quizá omitan).
Ruta metodológica: un proceso en espiral La metodología de la investigación narrativa se inscribe como una metodología del diálogo (Atkinson & Coffey, 2003), en la que las narrativas representan las realidades vividas, pues es a partir de la conversación que la realidad se convierte en texto, construyendo así entre los participantes y el investigador los datos que serán analizados en el proceso. Es decir, que el dato no es preexistente, por ello no se habla de recolección de información, sino de construcción de datos, esto es, de un proceso de creación, de gestación; cuyo escenario es precisamente lo relacional y las diversas posibilidades del lenguaje. No se configura como un proceso lineal pues es necesaria la realimentación constante entre los pasos que la componen y de esta forma se hace necesaria la comunicación permanente entre el investigador y los participantes para aproximarse a la comprensión de sentidos y significados.
Construcción de la información: Se insiste en que se denomina construcción y no recolección, pues como plantea Rorty (citado por Botero, 2006): “al entender la verdad como construcción, como actuación y como performance, se asume la conversación como forma de llegar a compromisos y trascender los desacuerdos” (p.41). Se considera así que el dato no está configurado por fuera de la relación entre investigador y participante, ni está construido antes de la conversación entre éstos. Por ello se propone la construcción de datos por medio de diversas técnicas que se pueden complementar entre sí en distintos momentos de la investigación y que deben ser elegidas de acuerdo con el tema y los objetivos en particular. Dentro de éstas se encuentran técnicas orales, escritas o interactivas tales como autobiografías, entrevistas, notas de diario, cartas, narrativas discontinuas, fotografías, videos, talleres, conversaciones informales, sociodrama, juicio, etc. (Biglia & Bonet, 2009; Campos, Biot, Armenia, Centellas & Antelo, 2011; Connelly & Clandinin, 1995; Sanz, 2005). Esta pluralidad de técnicas provocadoras de las narrativas, no sólo retoma las distintas propuestas de la investigación social cualitativa, sino que, además, convocan herramientas de múltiples disciplinas sociales y educativas, y, además, abren la puerta a la potencia creadora de quien investiga, pues no necesariamente hay que circunscribirse a unos instrumentos prediseñados, sino que pueden diseñarse nuevas propuestas.
Análisis de narrativas:    De la misma manera en que las técnicas se complementan en la construcción de datos, para el análisis, cada momento y cada paso deben estar en constante diálogo. Esto se observa en rutas metodológicas como la propuesta por Quintero (2011) que parte del registro de codificación en el que la información construida se transcribe y se le asignan códigos de identificación que sean pertinentes y útiles.
Luego en el nivel textual, se realiza la preconcepción de la trama narrativa y es allí donde toman importancia los hechos (¿qué?, ¿cómo?, ¿por qué?), las temporalidades (¿cuándo?) y las espacialidades (¿dónde?), dado que, como señala Piedrahita (2014), brindan información sobre los acontecimientos, las acciones y las experiencias, lo que posibilita procesos de significación acerca de la manera cómo la narración de los acontecimientos refleja la creación de realidades.
Sin duda, el tiempo y el espacio son aspectos que atraviesan el método de la investigación narrativa, ya reconocidos y desarrollados por diversos autores (Ángel & Herrera 2011; Charon, 2005; Connelly & Clandinin, 1995; Denzin citado por Atkinson, & Coffey, 2003; Gaviria & Luna, 2013; Quintero, 2011; Ricoeur, 2002, 2006; Stelter & Roessler, 2007). Este reconocimiento de las temporalidades y los contextos como elementos estructurantes del relato, que hacen que éste cobre distintos matices, implica un desafío a quien investiga con este método Posteriormente se analiza el nivel contextual, en este momento toman importancia las fuerzas narrativas, es decir, lo que los participantes refieren que “el lenguaje hace” y a “lo que se hace con lo que se dice”. Incluyendo a los otros como parte del mundo individual y emitiendo reflexiones morales, políticas y estéticas que permiten comprender qué se ha hecho y por qué se ha hecho.
Esto da cuenta de elementos muy interesantes que permiten al narrador sorprenderse a sí mismo por lo que narra: seducirse, reafirmarse, desmentirse, interrogarse, etc. Lo anterior coincide con lo afirmado por el MECT (2007b) acerca de que:
Las historias se narran con las mismas palabras, argumentos y estilos que usan los actores de esas experiencias para ordenarlas, otorgarles sentido y valor moral; para acompasarlas en sus propias vidas, según sus propias sensaciones y creencias, y en función de sus propias aspiraciones y proyectos. (p.9) Según Quintero (2011) las fuerzas narrativas son compromisorias, metafóricas y simbólicas, tienen una dimensión moral que puede ser categorizada por medio de tipologías de los acontecimientos, y además pueden ser analizadas en relación con los juicios, las imputaciones y las potencialidades. Los atributos relacionados con las imputaciones se relacionan con las razones, las responsabilidades, los grados de aprobación o desaprobación y los motivos personales para actuar de determinada manera. Pues, “la estructuración de la experiencia puede analizarse en cuanto a los significados y motivos” (Atkinson & Coffey, 2003, p.67). Y los relativos a las potencialidades se refieren a las capacidades de los participantes, a lo que saben y lo que pueden hacer, esto incluye su espontaneidad para llevar a cabo acciones. Esta particular relación del narrador consigo mismo, en tanto protagonista y espectador, es un desafío adicional para quien investiga, en tanto le implica analizar múltiples elementos no verbales, no previstos y no necesariamente estructurados
Finalmente, en el nivel meta-textual, se realiza una reconfiguración de la trama narrativa, incluyendo las interpretaciones realizadas en los momentos anteriores y el diálogo con referentes teóricos y con las voces de otros participantes o investigadores, formando un relato de la vida social (Atkinson & Coffey, 2003), una narrativa polifónica que incluye normas, creencias, ideologías, etcétera.
Este nivel permite una lectura más macro, que da cuenta de elementos socioculturales configurados en un momento histórico particular, con unas coyunturas políticas, económicas, religiosas y demás, que evidencian que, aunque alguien narre de manera individual, su relato se ha configurado en lo colectivo, en un mundo compartido y que esos sentidos, significados, vivencias, imágenes y palabras no sólo le pertenecen a él o a ella, sino al nosotros.
Retos y alcances de la investigación narrativa: entre los límites y las posibilidades
El principal reto en la investigación narrativa es la apuesta ética y política (Arias, 2015) particular del investigador, dado su papel activo, que incluye responsabilidad intelectual y posibilita la apertura a nuevas construcciones teóricas que surjan de la investigación así no coincidan con las concepciones teóricas previas. Pues debido a que el significado se capta en tanto el investigador participa en su producción, se presenta la necesidad de una relación dialógica y surge la “demanda de la construcción de una relación sostenida” (MECT, 2007a, p. 9) para que tanto el investigador como los participantes, puedan acercarse a la comprensión en el proceso de investigación.
Los demás desafíos hacen referencia al proceso, entre éstos, Connelly y Clandinin (1995) mencionan el reto que tiene el investigador para decidir entre los detalles individuales y las generalidades sociales que brindan las narraciones, evitando privilegiar indebidamente al individuo sobre el contexto social y viceversa.
Idea con la que concuerdan el MECT (2007a), y Atkinson y Coffey (2003), al advertir el riesgo de perjudicar las narrativas en pro de determinada postura teórica, imaginería o para dar respuesta a algún objetivo particular de la investigación. Así, pensando en las limitaciones de la investigación narrativa, Connelly y Clandinin (1995) refieren la posibilidad de la falsificación de información, por la cual el investigador debe mantener la atención y la observación crítica en las narraciones de los participantes y en sus propias posiciones al respecto. Al respecto, Botero, Alvarado & Luna (2009) afirman que: La validez o legitimidad del juicio crítico se caracteriza por: estar abierto a la comunidad como modo de pensar pluralista; tener en cuenta diversos puntos de vista; desplazar el proceso de juicio determinante o con reglas universales que subordinan lo particular en lo universal, a un juicio reflexivo que actúa sin una mediación de normas o estándares viendo en lo particular lo que es válido para más de un caso (p. 167). Esto implica un investigador auto-reflexivo, que se observe permanentemente, que tome consciencia de sus elementos subjetivos en juego (creencias, prejuicios, sentimientos, estereotipos, emociones, representaciones, etc.) y que de ser necesario, los pueda “triangular” con colegas, quienes desde el mundo académico, le sirvan de filtro e interlocución para darse cuenta del difuso límite entre lo propio y lo del otro, de los cruces de las narrativas y sus implicaciones metodológicas en el proceso investigativo. Por otra parte, al reflexionar acerca de los alcances de este tipo de investigación, Atkinson y Coffey (2003), y Santamarina y Marinas (1995) rescatan la facilidad que ofrecen las narrativas para abarcar tanto aspectos individuales como sociales y mencionan que el análisis de éstas puede proporcionar una manera crítica de examinar a los actores y los acontecimientos, brindando discursos particulares pero también convenciones y normas socioculturales, y despertando un interés en los procesos de la memoria individual, grupal y colectiva.
Cuando contamos nuestra historia de vida, la describimos y representamos de nuevo en nuestra imaginación, de tal manera que los cambios de comportamiento o las adscripciones a una generación determinada quedan resignificados por esa reconfiguración de nuestras acciones inherentes al acto de narrar, la interpretación de las temporalidades sociales debe aceptar las nuevas formas con las que imaginamos que se produjeron el efecto de edad, de generación y de período en nuestras vidas, y no tener en cuenta solo lo que efectivamente ocurrió (p.44). En síntesis, la intención de presentar la investigación narrativa como apuesta metodológica para la construcción social de conocimientos científicos a partir de las voces de los participantes, implica aproximarse a los postulados epistemológicos de la hermenéutica y a la configuración en espiral de una ruta metodológica distinta. Lo que supone un gran desafío en tanto la posición del investigador respecto a la construcción de un nuevo conocimiento con carácter comprensivo y al rigor de su proceso en relación con vigilar los posibles sesgos que se dan al priorizar un dato sobre otro, o al sucumbir ante la tentación de orientarse hacia, por ejemplo, una postura teórica preestablecida. Asimismo, la investigación narrativa aporta la posibilidad de aproximarse a vivencias sociales desde relatos individuales y también, a la resignificación subjetiva de la realidad a propósito de los cambios de ésta mientras se narra a lo largo del tiempo. Narración y transformación que no son para nada ajenas a la construcción de “La Ciencia”, o mejor, de “las ciencias”, en tanto multiplicidad y devenir del conocimiento.



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